viernes, 15 de diciembre de 2023

En Dubái no forestan

 


La Conferencia de las Naciones Unidad sobre el Cambio Climático, celebrada recientemente en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, ha resultado ser una enorme, costosa y ridícula pantomima. Allí se han juntado docenas de miles de gerifaltes de todos los países, llegados en sus jets privados, así como otros muchos activista-funcionarios, trepas de variada naturaleza, guardaespaldas, prostitutas, traficantes de drogas y muchos más parásitos de toda laya y ralea, por lo cual, como se ha dicho irónicamente, ha sido la cumbre del clima “con la mayor huella de carbono de la historia”.

 Todo ello para firmar un documento que, en puridad, a nada compromete a nadie, pues vagamente anuncia que “la transición energética” culminará en el año 2050, cuando cese completamente el uso del petróleo, el gas y el carbón como combustibles, fecha en que toda la energía (¡sic!) procederá de las renovables… Eso lo han firmado los Emiratos Árabes Unidos que, año tras año, incrementa sus ventas de petróleo, Arabia Saudita, que carece de otra fuente de recursos, por lo que está obligada a expandir su producción, y demás tiburones de la ultra capitalista OPEP. Claro que éstos han protestado un poquito por lo “excesivo” de la formulación, mientras que los prebostes de la Unión Europea, siempre moralistas, les han abroncado, sólo un poquito también, para organizar la adecuada representación teatral.

Las gentes, por todo el planeta, están preocupadas, e incluso muy preocupadas, por las anomalías climáticas y necesitan que se las proporcione alguna esperanza de que existe solución. Ese ha sido el primer objetivo de la Conferencia, vender confianza y esperanza a precio de saldo, argüir que todo se va a enderezar sin que se tenga que hacer gran cosa, practicamente nada, pues el acuerdo final ha sido elaborado para ser ignorado en la práctica por unos y por otros. Y otras propuestas, la de forestar masivamente, por ejemplo, no las admiten.

A los países fascistas musulmanes, islamofascistas, el haber actuado de anfitriones les viene muy bien, pues su prestigio y credibilidad internacional está a la baja, debido a que cada día se va conociendo mejor su naturaleza totalitaria, liberticida y criminal. Desde lo del Estado Islámico de Irak y Siria (2013-2018), que fue un despliegue espantoso de brutalidad, sadismo y horror, resultante de la aplicación estricta del Corán, por todo el mundo han ido creciendo las protestas, denuncias y resistencias contra lo que son y la ideología que les guía. Muy recientemente, en noviembre de 2023, el pueblo de Dublín se ha levantado en enorme y épica insurrección contra los crímenes de los musulmanes fascistas llegados a Europa con la emigración. Así que la Conferencia ha sido para ellos un taimado lavado de cara, un obsceno otorgamiento de respetabilidad.

Para los demás países, y muy particularmente para la Unión Europea, tal es, sencillamente, una vergüenza. Han estado en Dubái codeándose con dictadores ensangrentados, que nos respetan jamás “los derechos humanos”, cuyos regímenes políticos son fascismo teocrático puro y duro, que en nada importante se diferencian del régimen de Franco (1939-1976), o del nazismo. Sin libertades, sin garantías procesales, sin libertad de expresión, con mano de obra esclava, con preterición feroz de las mujeres, sin libertad de opción sexual, con persecución y asesinato de no creyentes, agnósticos y ateos, etc., etc., etc.

Pero regresemos a los problemas climáticos y medioambientales.

Aunque se lograse la “descarbonización” en 2050, eso no atajaría el caos climático, que está devastando el planeta y poniendo en peligro a la totalidad de las especies vivas que lo habitan, en particular a la especie humana. Porque no está probado, más bien al contrario, que sea el dióxido de carbono, o gas creador del pretendido efecto invernadero, la causa del mal.

El origen del calentamiento, de las sequías, del avance de los desiertos, de las inundaciones que todo lo devastan, de las temperaturas veraniegas en pleno mes de diciembre, etc., es la deforestación masiva, colosal, creciente, que resulta de la agricultura industrial, cuya finalidad es abastecer de alimentos a las grandes megalópolis del actual sistema megacapitalista y ultraestatizado. La revolución agrícola impuesta en los años 50 a 70 del pasado siglo es la causante. Esa es la culpable, sobre la base de las muchas atrocidades anteriormente ya realizadas, por ejemplo, la descomunal deforestación que ocasionó la desamortización (privatización) de los comunales en el siglo XIX por el Estado español liberal[1].

Sin revertir todo ello, sin retornar a una agricultura natural, vaciar las ciudades para repoblar los campos, dejar de usar herbicidas y otros fitotóxicos y reforestar masivamente, haciendo que por todas partes haya bosques, árboles, arbustos, hierbas, prados, verdor, agua, frescor, temperaturas equilibradas invierno/verano y día/noche, los problemas que padecemos, tan graves, no tienen solución. No, no la tiene.

Así pues, lograda, supongamos, la “descarbonización” en 2050 eso será irrelevante para el clima. De manera que la crisis climática continuaría. Es más, se agravaría, pues la enorme cantidad de tierras dedicadas a renovables, aerogeneradores y placas solares, será también superficie terrestre vacía o semivacía de arbolado, teniendo en cuenta además la toxicidad de unos y otras. Ello empeorará los problemas, no los resolverá.

El remedio no está en buscar con qué nutrir la fáustica avidez de energía del sistema estatal-capitalista actual, sustituyendo los combustibles fósiles por las energías renovables, sino en reducir radicalmente la necesidad de energía y su uso. Con un 10%-20% de la que ahora se consume, basta y sobra. No más. Ese es el remedio, rebajar el consumo, no escudriñar y habilitar nuevas fuentes energéticas. Claro que el avance del militarismo, por la marcha hacia una nueva guerra mundial interimperialista China-EEUU, hace eso inviable… salvo si nos alzamos en revolución contra aquél.

En concreto, la Unión Europea se propone llenar Europa de renovables no para “descarbonizar” sino para alcanzar un elevado grado de autonomía energética, a fin de estar en una posición más favorable en su pugna imperialista con el imperio ruso, y también con China. Todo es geoestrategia, y nada, o apenas nada, en ecología. La Unión Europea está constituyendo su ejército propio, el Eurogrupo, que tiene ya unos 80.000 soldados, y el supuesto paso a las “energías limpias” es su complemento.

Así pues, lo único acertado es lo que propone y realiza el Proyecto Arrendajo, la movilización de la sociedad civil popular para forestar, en concreto para recoger y sembrar bellotas de los cinco tipos de quercus que existen en la península ibérica, encinas, quejigos, alcornoques, robles y coscojas. Ello en el contexto de un avanza hacia un gran proyecto revolucionario que elimine la causa principal del mal, la existencia de las ciudades y, con ello, la necesidad de ser abastecidas con un tipo de agricultura, industrial y a escala colosal, que es medioambientalmente destructiva[2].

Porque sin árboles y sin bosques es sin lluvias, sin frescor, sin clima equilibrado, sin agua, sin flora, sin fauna. Puro desierto, el final de la vida en la tierra.

Las y los pícaros que se han tomado unas super consumistas y muy contaminantes vacaciones gratis en Dubái, a las que han llamado pomposamente Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático, no han plantado árboles. Ni lo hacen ni lo van a hacer, y ni siquiera proponen que se haga. Ellos no están para eso, para trabajar con sus manos, son unos golfos que viven del cuento, del blablablá medioambiental y ecológico. Pero nosotros y nosotras si lo hacemos. Con el frio, con la lluvia o la nieve, pisando el barro o la escarcha, no importa en qué condiciones, pagándolo todo de nuestro bolsillo, salimos a coger bellotas y luego a sembrarlas. Y eso un año y otro y otro.

Pero, atención, los problemas medioambientales y climáticos ya han entrado en una fase de máximos. Las anomalías ya están afectando a las cosechas, reduciéndolas, lo que se pone de manifiesta en la subida del precio de los alimentos básicos. Por ejemplo, el del aceite de oliva. La PAC (Política Agraria Común) de la UE, lleva decenios subsidiando el poner olivos, favoreciendo la extensión del monocultivo olivarero, de manera desmesurada e irracional. Eso se ha efectuado a expensas del bosque natural mediterráneo, lo que ha ocasionado un descuaje enorme de encinas, alcornoques, quejigos y coscojas, así como del monte bajo, arbustos y hierbas. Tal ha producido cambios climáticos aciagos, veranos muy tórridos y largos, primaveras secas, lluvias menores y además torrenciales, vientos huracanados bastante a menudo, que resecan los campos, etc., de manera que los rendimientos del olivar han comenzado a caer, también por la lunática manera de laborearlo que impone el sistema de monocultivo, incluida la chaladura de regarlo de forma inmisericorde con herbicidas[3]. Las consecuencias están a la vista, los precios por las nubes. Algo parecido está sucediendo con el almendro, el pistacho, el cereal, las hortalizas, etc.

En resumen, las anomalías climáticas empiezan a manifestarse como escasez, no sólo de agua sino de los productos alimenticios básicos. Por eso la pirotecnia verbal de Dubái sólo nos ocasiona una mezcla de risa y rabia.

Bien, nosotros a lo nuestro, a forestar.

Félix Rodrigo Mora

luchayservicio@gmail.com



[1] Acerca de esta decisiva materia, mis obras “El Comunal” y “Derecho consuetudinario y democracia directa”.

[2] Para estudiar esto, recomiendo mi “Manual de la revolución integral”.

[3] Al respecto, mi libro “Naturaleza, ruralidad y civilización”.